DiSeLo a Mi BRiLLaNTe CuLo MeTáLiCo

martes, agosto 26, 2008

¡_¡

El mestizaje de las palabras que circulan por el aire, a veces (pero sólo a veces), construye en nuestra mente un deterioro total del mismo.Todo, absolutamente todo, está en nuestra mente. Si estamos tristes lo crea las conexiones de nuestro cerebro y semejante la alegría.

¿Cómo superar eso?

Imaginando que caemos por un abismo sin fin para llegar a un estado neutro. No dejar que la mente trate de repercutir (gracias) en nuestras vidas. Si el ser humano es tan poderoso, y que todo lo sabe y unas cuantas trolas urbanas más; ¿por qué no es capaz de manejar la propia mente?.

Tenemos las herramientas, tenemos la vida. No hace falta nada más excepto que 21 gramos de oxígeno para poder hacer todo cuanto queremos. Los miedos son como el coresterol o mejor dicho, la nicotina. Nos obstruyen las arterias y nos creemos que por eso ya estamos limitados.

El ser humano se limita a sí mismo por miedos, por fantasmas del pasado que si vuelven se les puede dar una hermosa patada, etc, etc.

Si a una persona que está en lo alto de una colina, a sus pies un lago o el mar, mirando un horizonte con los brazos en cruz y dejando que el sol y el viento besen su cara; se le puede preguntar si tiene miedo a caerse en ese momento o a que, simplemente un pájaro le defeque en la cara. Os contestará que no: Que disfrutaba del momento y que sólo pensaba en ése instante. ¿Por qué los humanos nos empeñamos en tener miedos? ¿Por qué no estamos siempre disfrutando los momentos?.

Liberar la mente es algo bueno. Llorar para hacerlo también. Reír, soñar, hablar. Querernos a nosotros mismos no es de ser egoístas, porque si nos queremos y valoramos, valoraremos a quienes nos rodean.


Yo empiezo a liberarla y a quererme.


¿Y tú?.

domingo, agosto 03, 2008

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"Sentía el frío de las tejas rojizas en sus pies y el calor en sus sienes. En su pecho. La brisa era tan cálida y tan áspera que los labios los tenía blancos por la sequedad que respiraba. LLenaba sus pulmones de aire cada vez más, para ver si le explotaban. Nunca le dijo a nadie su guarida: Llena de sombras, reflejos, murmullos y hierbas aromáticas. Con sus manos se recogía las rodillas, y mientras sin saberlo, contemplaba el cielo lleno de estrellas con casi un hilo de baba. Pensaba y pensaba y el calor en sus sienes aumentaba como la madrugada. Y llegó a la conclusión de que ésta no era la época que quería vivir. Desnudo sus rodillas. Sonrió.

Sonó un leve silbido de aire.

Silencio."




Adios niña de porcelana.