Harta de tener que esperar a que saliera el sol por donde nadie quisiera, por la dirección justa a la que ella observaba.
Tenía los codos sangrientos, de apoyarlos en la ventana mirando al alba. Esperaba que algo pasara, algo que le diera sentido a lo que en sus manos había escrito el destino. Tenía los ojos cosidos, el nudo en la garganta que cada día le apretaba más y una espina clavada en la pierna que no la dejaba seguir el camino recto.
Pasaba por la calle como si no existiera, ni tan siquiera los hombres más enrarecidos se fijaban en ella. Contaba baldosas (que no cuentos), tarareaba en su mente todas aquellas frases que le habían otorgado tantas memeces en su alma...
Y pensaba...
...que tenía el corazón encostrado de tanto pensar.
"No soy de nadie"


Brida, que ya mismo cumple más meses a mi lado... 
